Del hábito a la conducta delictiva: una lectura criminológica de Hábitos Atómicos

Publicado el 9 de septiembre de 2026, 23:09

El hábito de delinquir: Libro Hábitos atómicos aplicado a la criminología.

Responder a algo que, en criminología y otras ciencias como psicología, sociología, psiquiatría, etc.  se aborda desde diferentes perspectivas que es, ¿un delincuente nace o se hace? Es algo sumamente complejo de definir; no porque no se tenga la respuesta o por falta de evidencia, sino porque, desde mi perspectiva, trabajar los casos implica manejarlos como aislados -aún en casos seriales. Esto nos permite individualizar conductas que, de acuerdo con factores biopsicosociales, pueden presentarse en mayor o en menor medida. No es lo mismo estudiar a un Ted Bundy, a un Charles Manson o a una Juana Barraza. Cada uno tuvo factores que los orillaron a cometer los actos que realizaron; sin embargo, hay algo que, desde la perspectiva criminológica se puede debatir y es, ¿y si un comportamiento repetido, al grado de convertirse en hábito, fuese parte de este complejo proceso de formación criminal? Bueno, esto es algo que pretendo compartir a lo largo de esta reflexión; ¿Y si un delincuente es un cúmulo de hábitos no tratados que lo llevaron a ser quien es? Bueno, gracias al libro de Hábitos atómicos del autor James Clear es que nace esta reflexión que, espero sirva como debate para continuar con el análisis del porqué de una conducta delictiva, pero alejados un poco de las ya tradicionales teorías criminológicas.

Comenzaré por definir lo que el autor James Clear define como un hábito atómico: “es un pequeño hábito que forma parte de un sistema más complejo. De la misma manera en que los átomos son los ladrillos de las moléculas, los hábitos atómicos son los ladrillos de los resultados excepcionales” (Clear, J. 2023)

Como apasionado de la perfilación criminal, esta definición resuena bastante con una frase muy cierta: al analizar cada micro motivación de un agresor en el lugar de intervención cual eslabón de una cadena, al unir dichas micro motivaciones, se puede tener la cadena completa que es, la motivación general del agresor al querer cometer una conducta. Ejemplo, si un agresor intenta robar una casa a las 3 am, tendríamos que preguntarnos cosas como ¿por qué decidió a esa hora?, si entró por una ventana, ¿por qué fue por ahí y no por la entrada trasera o la principal? Si sometió a la victima -o no, ¿por qué lo hizo o por qué no? Aunque la respuesta a dichas preguntas podría parecer evidente, lo que quiero que reflexionemos es, el porqué el agresor adoptó dichos comportamientos y no otros que pudiesen incluso facilitar su acto. ¿Está habituado a cometerlos así?, ¿practicó tanto al punto de desarrollar un hábito para ejecutar la conducta delictiva de esa manera? Si analizamos esto en su conjunto, podemos entender que, el cometer un delito implica una habilidad y carácter que, aunque se pueda nacer con la predisposición, forzosamente se debe habituar, al punto de automatizar los gestos criminales.


Para continuar, vamos un poco más atrás: al punto donde el delincuente es una persona común y corriente sin historial delictivo, antecedentes y que aún es una “buena persona”. El autor James Clear, elaboró magistralmente una tabla en donde se explica cómo formar un hábito adecuadamente:

 

       Ilustración 1: Explicación de cómo se forma un hábito al lado izquierdo

 

Dentro de esta tabla, podemos observar algo muy interesante desde el ámbito criminológico: el estudiar el historial criminal de un determinado agresor, nos permitirá encontrar que, básicamente un hábito - ¡una conducta!, se hizo presente, motivando al agresor, lo que desencadenó en que se convirtiera en un agresor.  

Ejemplo:

  • HAZLO OBVIO: Imaginemos que un adolescente, dentro de su barrio, colonia, calle, etc., se relaciona con una pandilla o un grupo de personas dedicadas a la delincuencia; sea robo armado, secuestro, extorsión, el delito que quieras. La conducta se hace evidente ante los ojos del joven, desencadenando el probable inicio de un comportamiento delictivo.
  • HAZLO ATRACTIVO: En este caso, es donde más se debe realizar una temprana intervención de los reforzadores positivos con los que cuente el adolescente: la escuela, familia, tutor, entrenadores, etc. porque es aquí donde el joven puede quedar endiosado con las recompensas que observa, producto de una conducta delictiva: dinero, joyas, mujeres, carros, etc. es como por ejemplo las narco series donde se hace apología al delito: hombres poderosos cargados de dinero, mujeres, mansiones, autos, fiesta, alcohol, etc. Todo esto es lo que motiva y enciende esa chispa en los jóvenes de decir “yo quiero eso”. Por ello, considero que también aquí es donde las políticas criminales entran en juego: para concientizar a la población de los riesgos que implica sentirse motivado por seguir conductas de este tipo.
  • HAZLO FÁCIL: Aquí es donde entramos en esa transición de un primo delincuente a un delincuente de carrera. Al inicio, se puede tener miedo, inseguridad a cometer un delito. Es cuando más errores se pueden cometer incluso si se realiza con alguien experimentado. Sin embargo, cuando una conducta se ejecuta varias veces, se refuerza al punto de volverse mejor en lo que se haga: en criminología podríamos denominar que un agresor podría llegar a la conciencia forense y/o escalada criminal. Ejemplo, un agresor sexual que aprende a no dejar rastros biológicos o de ADN en el lugar; un delincuente que comienza con robo a transporte público y escala a secuestro. Todo esto implica que un delincuente adquiere experiencia al punto de cometer menos errores y entrenar su Modus Operandi para evolucionar y dar más trabajo a los investigadores. Aún así, como bien lo refiere el Dr. Alfredo Velasco Cruz “no existe el crimen perfecto, existen malos investigadores o investigaciones deficientes”.
  • HAZLO SATISFACTORIO: Aquí es cuando el sistema falla en sancionar a un delincuente ya que, al ver que puede cometer un delito sin sanción y obtiene una recompensa, adoptar esa “carrera” sería inevitable, al grado de incluso formar un imperio como los creados por la Delincuencia Organizada.

CONCLUSIONES:

Si bien esto no pretende ser un análisis académico o rigurosamente científico, si busca invitar a la reflexión, a que entendamos que la conducta delictiva no es solamente un tema institucional, de fiscalías o de sistemas penitenciarios; es algo que implica educación desde nuestros hogares, desde cómo aprendemos a observar y comprender el mundo que nos rodea, cómo nuestro núcleo familiar y la sociedad alimentan comportamientos que lleven a una sanción -o la muerte, porque resuenan en nosotros como metas a seguir y así, querer tener una vida fácil sin tanto esfuerzo. Gracias si llegaste hasta aquí y te invito a debatir y compartir tus reflexiones. Que tengas un excelente día.

Referencias

Clear, James (2023). Hábitos atómicos. Edición especial tapa dura. Diana.

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