México, un país lleno cultura, gastronomía, atractivos turísticos… en general, un país que lo tiene todo. O eso creímos…
Durante estas fiestas patrias, todos nos sentimos orgullosos de nuestro país, nuestras raíces, nuestra cultura; disfrutamos en familia al grito de ¡Viva México! Y saciamos nuestro apetito a más no poder de platillos típicos como pozole, tostadas, pambazos, etc. En general, estas fiestas nos recuerdan, aunque sea un poco el orgullo de sentirnos mexicanos; sin embargo, México está al punto de tomar la misma decisión que Nora lo hizo en la gran obra de “La biblioteca de la media noche”, una decisión que, puede llevarnos a reflexionar sobre cómo llevamos ese orgullo patrio adelante. La decisión de, quitarse la vida… La presente reflexión no intenta demeritar a México como país ni criticarlo; por el contrario, busca de alguna u otra forma el poder rescatar ese orgullo y no contarnos la misma narrativa de siempre, México es un narco Estado, un país azotado por la delincuencia donde nuestros mandatarios obedecen a órdenes de capos poderosos -aunque sea cierto. Lo que busca, es tratar de meditar respecto a cómo serían aquellas vidas donde México hubiese tomado algún otro libro de los estantes con decisiones diferentes que, hoy en día, lo tienen etiquetado como lo mencionado anteriormente. Vamos a reflexionar qué hubiese sido de México si entrara a la biblioteca de la media noche.
VIDA 1: El México que previno antes de castigar.
México siempre ha tenido una férrea voluntad de acero; tan es así, que nunca verás a un mexicano decir “no puedo”, mucho de ellos salen a diario a llevar pan a la mesa para su familia, se esfuerzan por aportar a la sociedad y ser personas de bien; sin embargo, ¿Qué pasa cuando las condiciones no son tan favorables?, ¿o cuando se alimenta una conducta de “y si sí (robo, secuestro, asalto, etc.)? En una reflexión anterior sobre el libro hábitos atómicos hablé de la importancia de los reforzadores de una conducta hasta convertirla en hábito. En este caso, nos referimos prácticamente a lo mismo, las políticas públicas en México no han servido de mucho, basten sólo para justificar gastos. Pero en la realidad, el recuperar espacios públicos, atención a jóvenes en riesgo, prevenir la violencia familiar, nada se ha hecho adecuadamente ni se ha resuelto; como el gobierno suele hacer, ponerle curitas a un cáncer. Un ejemplo de ello es el alto índice de feminicidios; tenemos el caso de las muertas de Juárez, donde incluso se llamó a uno de los más prominentes perfiladores de la unidad de análisis conductual del FBI en Quántico argumentando un delincuente serial como respuesta a este alto índice de violencia. Cuando la realidad es más simple, padres, esposos, hermano, amigos que violentan mujeres y quienes no denuncian por miedo, por amenazas o incluso por la revictimización por parte de las autoridades. Otro caso es el etiquetamiento y posterior tipificación del feminicidio o investigación con perspectiva de género. Si bien no estoy en contra de que las autoridades se actualicen para tratar estos temas con el mayor profesionalismo posible, considero que, independientemente de si la victima es hombre o mujer, el MP, los policías y peritos deben investigar con el mismo profesionalismo, pericia e importancia; que no busquen solamente querer tapar el sol con un dedo poniendo términos rimbombantes en los códigos. Estos son algunos ejemplos de cómo el Estado sigue fallando en prevenir conductas delictivas. Otro ejemplo es el feminismo, muchas de sus luchas están basadas en un patriarcado donde importa más lo que tenemos entre las piernas que lo que realmente participa como génesis de conductas violentas. El hombre mata por el simple hecho de ser hombre, ¡NO! Esa es una respuesta simplista y carente de responsabilidad. Se debe investigar qué hay detrás de dichos comportamientos: alcoholismo, drogas, enfermedades mentales, etc. El reducir la violencia al género nos manda a la época de Lombroso donde se decía que por determinados rasgos físicos o por ser “feo” vulgarmente hablando, se era delincuente.
Lo anterior permite explicar que la narrativa que nos contamos define enormemente hacia dónde nos dirigimos. Por ello, en esta otra vida, México tiene la opción de hacer las cosas bien, puede realizar campañas para detectar por ejemplo a posibles víctimas de violencia -como son los estudiantes, y así evitar posibles agresores en la escuela que vayan desde el bullying hasta tiroteos escolares. Y permítanme aclarar, no estoy diciendo que no se haga; tengo conocimiento de colegas que han realizado este tipo de campañas, de figuras como la policía que de igual manera realizan campañas de prevención. A lo que voy, es que, en materia de políticas criminales, el Gobierno no ha aportado valor científico, intervencionista y preventivo; si no es por la vocación de maestros, colegas criminólogos, psicólogos, sociólogos, etc. que se dan a la tarea de acudir a instituciones, la cifra de víctimas sería sin duda mayor.
Vida 2: El México que llegó antes a la víctima
Desde sus orígenes, la criminología se ha enfocado en mayor medida en los delincuentes; sus teorías y estudios se vieron principalmente orientados a dar respuesta a los comportamientos delictivos; su origen, manera de manifestarse y cómo se podrían prevenir; sin embargo, hay una figura que, desde mi punto de vista, se ha menospreciado en nuestro país, dando como resultado prevenciones e investigaciones deficientes a causa de no prestarle importancia a dicha figura. Me refiero a la víctima.
Definiciones hay muchas y muy variadas. Pero de manera propia y simple vamos a establecer a la víctima como el sujeto activo-pasivo sobre quien recae una conducta que se tipifica como delito. En pocas palabras, es quien ha sufrido daño en su persona a raíz de un robo, un secuestro, violación, etc. Hoy en día, aunque hayan existido cambios importantes en nuestro país como la reforma del 2008 al sistema penal, México aún está lejos de ser un país altamente calificado en materia de investigaciones. Como bien mencioné anteriormente, la víctima suele ser (valga la redundancia), revictimizada por parte de las autoridades. Ejemplo, “esa chica fue abusada por vestirse así”, “¿para qué anda en la calle a esas horas?” y un sinfín de frases carentes de lógica, ética y profesionalismo. Aunque puedan sonar así, lo triste es que aún se emplean muchas de ellas para prejuzgar y comprender el porqué de un delito. La víctima, al igual que Nora, puede caer en el pensamiento de “¿y si no hubiese salido a esa hora?”, ¿y si me hubiese vestido de otra manera?” Evidentemente está tratando de darle respuesta y racionalizar o explicar porqué ella, por qué no otra persona, queriendo tomar otro de los libros de la biblioteca y entrar en una vida diferente a donde fue víctima de un delito. Desafortunadamente, la realidad o los hechos no se pueden modificar; sin embargo, el qué se haga y cómo de ahí en adelante, definirán las políticas criminales, las mejoras en la investigación y, lo más importante, ayudar a las víctimas a ser parte activa para evitar que esas conductas se repitan, dándoles el valor y la importancia que, como seres humanos merecen, haciéndoles entender como a Nora que, el libro que tienen en sus manos, aún cuenta con páginas en blanco para poder escribir otra historia, SU propia historia combatiendo lo que, yo podría denominar “políticas criminales de juguete”.
REFERENCIAS
Haig, M. (2021). La biblioteca de la medianoche (A. Fuentes, Trad.). Alianza Editorial.
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